26 de junio 2017 , 02:44 a.m.

No es ético que la vida de los niños pobres dependa de poder pagar un examen.

Que los niños pobres se mueran y los ricos se salven es el mensaje que estaría enviando el Gobierno si objetara la ley de tamizaje neonatal. Hasta ahí llegaría cualquier asomo de credibilidad que le pudiera quedar en este frente a un gobierno que se ha llenado la boca hablando del empeño de reducir las desigualdades, de construir equidad, de salud preventiva y de garantizar los derechos de los niños.

Los impresionantes avances de la medicina genética, con el simple análisis de una gotica de sangre del bebé tomada a las 73 horas de su nacimiento, pueden salvar las vidas de los niños, así como evitar severas discapacidades, secuelas y enfermedades que afectan para el resto de la vida. En eso consiste, precisamente, el tamizaje neonatal. En un diagnóstico temprano, preventivo, confiable y barato. Este examen permitirá detectar a tiempo errores innatos del metabolismo en los recién nacidos y algunas expresiones de la sordera y la ceguera.

“Sería un error histórico no permitirles vivir a estos recién nacidos, habiéndose demostrado a nivel mundial que el programa de tamización neonatal es costo-efectivo…; este examen es preventivo en una población con especial protección constitucional, y no hay impacto fiscal porque la detección temprana es mucho menos costosa que hacer el diagnóstico en una fase posterior”. Así lo dijeron en carta abierta los más calificados voceros de la comunidad médica y científica, entre ellos la Asociación de Genética humana, la Asociación de Sociedades Científicas, la Sociedad de Pediatría y la Academia Colombiana de Pediatría y Puericultura.

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