10 de junio 2018 , 11:48 p.m.

Esperamos votantes libres, Registraduría eficiente y respeto democrático.

Llegó la hora. En este momento crucial, Colombia está lista para elegir presidente. A estas alturas y con Mundial arrancando esta semana, ya todas las cartas están jugadas. Más allá de alguna adhesión de última hora, que nada cambiaría en ninguna de las dos campañas, ya se cumplieron todas las etapas de este proceso. He tenido como norma en la vida respetar la libre opinión política de todos los ciudadanos que deciden votar. Aquel que se acerca libremente a las urnas a votar a conciencia, vote por quien vote, o vote en blanco, me merece todo respeto. Subrayo, libremente.

Y eso, insisto, incluye el respeto por quienes deciden votar en blanco. La batalla por lograr respeto, consideración y efecto político para el voto en blanco ha sido larga y compleja. Para no ir más lejos, hace 25 años demandé ante la naciente Corte Constitucional la Ley 84 de 1993, aprobada abusivamente por el Congreso, que, entre otras barbaridades politiqueras, pretendía negar todo significado al voto en blanco. Y gané.

En una importante sentencia, la C-145/94, con ponencia del magistrado Alejandro Martínez, en la que se resolvieron acumuladas varias demandas sobre distintos aspectos de la ley presentadas por ciudadanos tan ilustrados como los doctores Humberto de la Calle, Jaime Orlando Santofimio y Óscar Ortiz, entre otros, dijo la Corte: “Restarle validez al voto en blanco equivale a hacer nugatorio el derecho de expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad que también debe tutelar toda democracia. Desconocerle los efectos políticos al voto en blanco comporta un desconocimiento del derecho de quienes optan por esa alternativa de expresión de su opinión política… dicha negación acarrea desconocimiento del núcleo esencial del derecho al voto que la Carta Fundamental garantiza a cada ciudadano…”.

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