14 de abril 2019 , 11:38 p.m.

No se deben frivolizar las amenazas de muerte contra el Presidente.

Distintas fuentes confiables corroboran que había un plan para asesinar a Iván Duque en el Cauca. Sin embargo, sonaron más duro los reclamos políticos de sus malquerientes, y muchos colombianos terminaron creyéndoles a sus opositores que el Presidente no había querido reunirse con los indígenas, cuando en realidad estaba protegiendo su propia vida. Cuentan que quien más insistió en ir a la plaza fue el propio Duque, hasta que le pusieron de presente la gravedad, la inminencia y la contundencia de las amenazas.

En esta oportunidad fue posible evitar una tragedia. Gracias a Dios y a las gentes de los cuerpos de seguridad. Pero debe quedar claro que aquí en Colombia hay unos grupos armados criminales que quieren matarlo. Y no puede dar papaya. Y tienen que redoblar todos los esfuerzos para proteger su vida. Y no puede ceder a ninguna presión que conduzca a poner en peligro su integridad personal, venga de donde venga.

Y no es un problema con los indígenas. Si el atentado se hubiere detectado camino a una reunión con prestantes empresarios, o con monjitas de la caridad, la respuesta tendría que haber sido la misma. Cancelar la presencia del Presidente si su vida está en peligro.

¿Que cómo sí lo pudieron proteger cuando fue a la frontera colombo-venezolana con los gringos? ¿Que cómo lo pueden proteger cuando va a sus talleres? ¿Que por qué se trata de criminalizar a los indígenas? ¿Que para qué sirven tantos escoltas si no lo pueden cuidar? Preguntas legítimas que se hacen muchos colombianos que no creen en las amenazas. La diferencia radica en la certidumbre del plan criminal en esta ocasión, que deja las alarmas prendidas.

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