Abril 11 de 2021


Ojalá la angustia fiscal no atente contra la protección medioambiental.


Son muy importantes y ambiciosos los objetivos medioambientales que se ha trazado el gobierno del presidente Duque, y desde ya se prepara con extremo esmero su intervención en la cita más importante del planeta, que se llevará a cabo en Glasgow en noviembre de este año, con motivo de la COP26 de la Convención de Cambio Climático, donde, en palabras del propio Presidente, con el concurso de todas las áreas del Gobierno se espera que Colombia sea el país que ejerza el mayor liderazgo en la región.

Y ello no solo es loable, sino, además, digno de recibir todos los apoyos. No en vano, y más allá del covid, el cambio climático es la más grande amenaza estructural que enfrenta la humanidad hoy, pues no obstante los esfuerzos, y las palabras, y los acuerdos internacionales y las convenciones y los protocolos, se siguen generando tantos gases de efecto invernadero que es la propia especie humana la que hoy está en peligro.

Por eso ha sido valioso el liderazgo presidencial en el empeño de reducir prácticamente a la mitad la generación de los gases de efecto invernadero, aunque Colombia no represente ni siquiera el 0,5 % global de estas emisiones. En esa línea, el impulso a la transición energética ha resultado determinante. Como coautor que soy de la ley colombiana de energías alternativas, me llena de entusiasmo la firmeza con la que hoy se estimula esta transición energética, en la que Ecopetrol ha de jugar un papel muy relevante.

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