02 de octubre 2017 , 12:56 a.m

Ni paraíso ni apocalipsis. Corresponde corregir errores e insistir en que las partes cumplan.

Convocar el plebiscito fue un error. Por su naturaleza, era un instrumento para profundizar divisiones y no para estimular consensos. Después del triunfo del No, Gobierno y Farc le pusieron conejo al resultado introduciendo algunos ajustes menores al acuerdo para que fuera pupitreado por un Congreso que nadaba en ‘mermelada’, dejando por puertas la voluntad popular. Los derivados de este procedimiento, sin embargo, son asimétricos, es decir, no todo es malo, no todo es bueno. Veamos:

Va pésimo el desmonte del narcotráfico y la infraestructura mafiosa. Navegamos en océanos de coca, la producción se mantiene disparada y el gobierno Trump le cree poco a la Casa de Nariño, y menos al Ministerio de Defensa, en este frente.

Van pésimo el control territorial y la seguridad en las zonas dejadas por las Farc, muchas de las cuales hoy están dominadas por ‘bacrim’, ‘clan del Golfo’, narcos, disidencias y Eln. Sobre el Eln, hay dudas de si hubo cambio de brazaletes o si, ante la ausencia de reacción eficaz del Estado, llegaron antes que el Gobierno a ocupar los territorios. Esa ha sido la discusión a propósito de los actos bárbaros en el Cauca que cobraron la vida de tres policías el fin de semana.ç

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