04 de agosto 2019 , 10:50 p.m.

Sin la genialidad militar de Anzoátegui no estaríamos celebrando ningún bicentenario.

No estaríamos próximos a celebrar los 200 años de nuestra independencia si el joven José Antonio Anzoátegui, comandante de la retaguardia libertadora, no hubiera concebido la genialidad estratégica conducente a rodear el cuerpo principal de las tropas realistas comandadas por Barreiro.

Nuestra conmemoración bicentenaria y nuestra independencia fueron posibles gracias al talento militar, al coraje y a la determinación de Anzoátegui, hoy injustamente olvidado y subvalorado en nuestra memoria colectiva.

Deslumbrado por los atributos militares y la inteligencia de Anzoátegui, quien ya los había exhibido en su brillante gesta previa, Bolívar lo premia con un sonoro ascenso al generalato mayor tras su intervención decidida para transformar el silencioso Teatinos y el pequeño puente en barreras infranqueables que dividieron sin camino de retorno las tropas realistas. Pero Bolívar fue más allá y le encomendó la más codiciada posición en función de la estrategia libertadora: lo nombró comandante de los ejércitos del norte. 

Cuando Anzoátegui había emprendido su travesía para asumir su flamante comandancia, convertido en la revelación militar que amenazaba el favoritismo ante Bolívar de generales más veteranos y con la aureola que se desprendía de su heroísmo en Boyacá, camino a volverse el pupilo dilecto del libertador, muere en extrañas circunstancias cerca de Pamplona.

Leer más

Recommend to friends
  • gplus
  • pinterest

Leave a comment