10 de agosto 2020 , 12:32 a.m.

Celebraciones de Farc y Maduro despertaron irritación.

Si no hubieran dejado volar al acusado narcoterroristra ‘Santrich’, o si no siguiera desafiante la espantosa impunidad de los premiados violadores de niños de las Farc, tantas veces probada por las víctimas, tantas veces negada cínicamente por los victimarios, la valoración colectiva sobre el caso Uribe sería distinta.

Más allá de incisos, parágrafos y leyes, más allá de uribismos o antiuribismos, lo grave es que las decisiones de la política (las de un gobierno que odiaba a Uribe y un Congreso que le vendió a ese mismo gobierno sus mayorías en desvergonzadas cuotas de ‘mermelada’) y las decisiones de la justicia terminaron generando una situación explosiva: unos cabecillas de las Farc dedicados al narcoterrorismo, otros en sus cómodas curules parlamentarias negando lo innegable y Álvaro Uribe con detención domiciliaria.

Quizás no se habría despertado la indignación de tantos si el desparpajado cinismo de los senadores de la Farc no se hubiera expresado celebrando esa acción de la justicia. Lozada y compañía, con su manera de celebrar la decisión contra Uribe, le pusieron un sello político indeleble a la decisión judicial. Vaya paradoja. Fueron los jubilosos miembros de la Farc quienes más daño le hicieron a la Corte en los últimos cuatro días.

La pregunta se volvía inevitable… ¿a cuál justicia aplauden los de la Farc? ¿Acaso a la misma que ha permitido que ellos sigan pisoteando la verdad y negando el reclutamiento de menores ante el paquidérmico accionar de la JEP para exigir la verdad sobre los abusos sexuales de las Farc? ¿La misma que dejó escapar a ‘Santrich’?

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