14 de noviembre 2021 , 09:45 p. m.

‘Esta decisión quedará para la historia cubierta en sombras’: Rojas.

Lo que más me preocupa como colombiano, francamente, es que la misma Corte que se ha preciado de ser garantista a la hora de validar la inmensidad de los beneficios concedidos a reconocidos narcocriminales de lesa humanidad mediante el acuerdo de paz con las Farc, negado por el plebiscito y resucitado mediante un ilegítimo pupitrazo parlamentario, o a la hora de tumbar la cadena perpetua para los monstruos abusadores, violadores y asesinos de niños, opte ahora por una línea jurisprudencial absolutamente contraria cuando el nombre de Álvaro Uribe Vélez salta a los expedientes.

Es decir, fueron garantistas hasta cuando apareció Álvaro Uribe y ahí parecería que se les hubiera refundido todo lo que habían escrito, defendido o decidido y en doble salto de adornada retórica cambiaron olímpicamente de postura. Frente a los compañeros del ‘Mono Jojoy’, ‘Tirofijo’, ‘Reyes’ y ‘Cano’, todas las garantías, toda la dulce suavidad de la Corte garantista. Frente a los Garavitos violadores de niños, toda la azucarada favorabilidad prodigada por las mayorías de la Corte. Frente a Uribe, cambio radical de postura, giro de 180 grados, variación total y profunda en el espíritu de las decisiones.

Y no pretendo en esta columna convertirme ni en defensor de oficio de Álvaro Uribe ni en insultador de la Corte. Ni lo uno ni lo otro. Me limito, en mi rol de simple ciudadano y desprovisto de cualquier investidura pública, a advertir el peligro que entraña para una sociedad que pretende ser democrática que las apretadas mayorías en la Corte Constitucional, es decir, en la más alta entre las altas cortes en materia de protección de los derechos de los ciudadanos, parezcan mirando primero los rostros, nombres y apellidos que figuran en los expedientes, antes que los principios fundantes del Estado de derecho.

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