16 de agosto 2021 , 01:54 a. m.


Convivieron siempre en él la tenacidad, la alegría y el amor de patria.


Comienzo por advertirles a mis amables lectores que no puedo ni pretendo sustraerme de la circunstancia de escribir esta columna a partir de la tristeza inmensa que me produce la muerte de Carlos Ardila Lülle, a quien le profesé admiración, afecto y gratitud a lo largo de muchas décadas en las que recibí de su parte valiosas lecciones de vida y múltiples expresiones de su inteligencia, su sentido de patria, su calidez y su generosidad.

Pero no quiero escribir una columna luctuosa, porque él era un hombre alegre; ni pesimista, porque él siempre fue optimista; ni nostálgica, porque él siempre miraba hacia adelante con sentido de la innovación, la creatividad y la esperanza y nunca se dejó derrotar por ninguna adversidad.

En efecto, la vida de Carlos Ardila Lülle hay que celebrarla con aplausos y con sonrisas, hay que homenajearla con la decisión de recoger sus enseñanzas para contribuir a construir mejores condiciones de vida para todos y hay que proyectarla al futuro manteniendo vivas sus grandes lecciones. Aquí van, desde mi propia perspectiva, cinco características de su itinerario vital que se convierten en verdaderas lecciones de vida.

1. El amor de patria. Carlos Ardila Lülle amaba hasta los tuétanos su país, este país que lo vio nacer y por el que siempre apostó, aun en los momentos más difíciles. Su tierra era esta, su residencia era esta y aquí estaban sus principales empresas y sus querencias. Fue un colombiano presente e integral que no quería a Colombia por raticos ni con intermitencias e interrupciones.

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